ART | Actividad física, obesidad y comportamiento sedentario en la etiología del cáncer

Se estima que entre el 30% y el 40% de los cánceres se pueden prevenir mediante cambios en el estilo de vida modificable y los factores de riesgo ambientales que se sabe están asociados con la incidencia del cáncer.

Existe evidencia sólida y consistente de que niveles más altos de actividad física reducen el riesgo de seis localizaciones diferentes de cáncer (vejiga, mama, colon, endometrio, adenocarcinoma de esófago, cardias gástrico), mientras que evidencia moderada asocia inversamente la actividad física con pulmón, ovario, cáncer de páncreas y riñón, y la evidencia limitada correlaciona inversamente la actividad física con el cáncer de próstata. Y por otro lado, se ha demostrado que el comportamiento sedentario, independientemente de la actividad física, aumenta el riesgo de cáncer de colon, endometrio y pulmón.

La magnitud de la disminución del riesgo asociado con niveles más altos de actividad física varía de alrededor del 10 al 25% para la mayoría de estos localizaciones del cáncer. Por otro lado, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) estableció que existe evidencia convincente de que el exceso de grasa corporal se asocia con un mayor riesgo de 13 tipos diferentes de cánceres , incluidos endometrio, mama posmenopáusica, colorrectal, esofágico, renal / riñón, meningioma, páncreas, cardias gástrico, hígado, mieloma múltiple, ovario, vesícula biliar y tiroides. En conjunto, existen pruebas sólidas de que la obesidad se asocia con cánceres que afectan los órganos digestivos en hombres y mujeres, así como órganos / sitios sensibles a las hormonas en mujeres.

Dada la fuerte asociación entre obesidad / aumento de peso y cáncer, se asume que la pérdida de peso puede ser un enfoque de prevención viable para reducir el riesgo de cáncer. Los beneficios observados de la pérdida de peso sobre el riesgo de cáncer fueron más fuertes en las mujeres. A pesar de estos hallazgos, es necesario estudiar más a fondo la repercusión de la pérdida de peso sostenida a largo plazo para informar mejor sobre las estrategias de pérdida de peso para la prevención del cáncer. Evitar el aumento de peso también puede ser un objetivo más viable que la pérdida de peso sostenida como medida preventiva del cáncer, dadas las diversas alteraciones fisiológicas que persisten más allá del período inicial de pérdida de peso para promover la recuperación de peso. Estas alteraciones incluyen disminuciones en las hormonas anorexigénicas como la leptina, aumentos en las hormonas orexigénicas como la grelina, disminuciones en la tasa metabólica en reposo que son mayores de lo que pueden ser explicadas por cambios en el peso corporal (termogénesis adaptativa), aumentos en las sensaciones de apetito y menor oxidación de grasas en estado de peso reducido.

Varios mecanismos biológicos hipotéticos se han descrito para explicar el proceso por el cual la obesidad (Exceso de peso), la actividad física, y el comportamiento cáncer sedentario afectan a la salud de las personas. Aunque, las vías biológicas que relacionan estas exposiciones con la tumorigénesis están definidas y comprendidas de manera incompleta. Las pruebas indican que la promoción de la actividad física y la reducción de los comportamientos sedentarios pueden generar beneficios para la salud en la prevención del cáncer.

Uno de los objetivos prioritarios es evitar la acumulación de tejido graso ectópico (es decir, el almacenamiento de triglicéridos en áreas fuera del tejido adiposo, como el hígado, el músculo esquelético, el corazón y el páncreas).

Es fundamental comprender que la edad, el sexo, la etnia / raza y la genética, así como factores de estilo de vida modificables (dieta, gestión del estrés, tabaquismo, etc), también pueden modificar los efectos de la actividad física, la obesidad y el comportamiento sedentario en estos biomarcadores.

En la siguiente imagen, podéis observar los mecanismos biológicos hipotetizados que relacionan la actividad física, el exceso de grasa corporal y el comportamiento sedentario con el riesgo de cáncer.

La relevancia biológica de estas vías para el cáncer ha sido respaldada por hallazgos experimentales, sin embargo, carecen de la evidencia epidemiológica necesaria para respaldarlos de manera más convincente. Las discrepancias pueden ser el resultado de errores aleatorios o sesgos sistemáticos que surgen del uso de medidas de autoinforme de actividad física o comportamiento sedentario.

Se ha planteado la hipótesis de que la actividad física afecta el equilibrio entre las especies reactivas de oxígeno (ROS) y las defensas antioxidantes que pueden provocar estrés oxidativo. Las ROS pueden causar anomalías cromosómicas, daño del ADN y mutaciones en genes supresores de tumores. El ejercicio agudo parece promover el estrés oxidativo y un entorno pro-oxidante, pero a medida que se repite la actividad física, se producen adaptaciones a este estrés y, finalmente, se desarrollan las defensas antioxidantes. En consecuencia, los individuos con obesidad exhiben niveles más bajos de antioxidantes y niveles más altos de estrés oxidativo, que también pueden disminuir la sensibilidad a la insulina y conducir a la resistencia a la insulina, produciendo el efecto contrario.

Un patrón similar surge de la relación entre la actividad física y la función inmunológica, por lo que el cuerpo responde de manera diferente a los episodios de esfuerzo agudos y prolongado. Además, durante los últimos años se ha observado que la actividad física aeróbica (resistencia oxidativa y glucolítica) estimula aumentos a corto plazo de inmunoglobulinas, neutrófilos, células asesinas naturales, células T citotóxicas y células B inmaduras, que con el tiempo, mejoran la vigilancia inmunológica. Estos hallazgos son particularmente relevantes para las personas con inmunidad deteriorada, incluidos los adultos mayores y las personas con obesidad.

Por otro lado, la evidencia emergente sugiere que un microbioma intestinal alterado puede explicar parte de la asociación entre la obesidad y el cáncer, ya que la microbiota puede producir metabolitos que promueven el cáncer o promover la inflamación y la resistencia a la insulina. La inflamación relacionada con la obesidad se origina en la luz intestinal, donde las sustancias derivadas de las bacterias se filtran al torrente sanguíneo y se cree que inician la inflamación.

Por lo tanto, actualmente, existe una fuerte evidencia de que la inactividad física y la obesidad aumentan de forma independiente el riesgo de múltiples cánceres y alguna evidencia de que el comportamiento sedentario tiene un efecto similar, aunque se necesita investigación adicional para aumentar la profundidad y el alcance del conocimiento relacionado con estas asociaciones.

Espero que os guste