Estrategias para mejorar la alimentación de la población: política gubernamental versus educación y asesoramiento

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Durante mucho tiempo se han utilizado diferentes estrategias para mejorar la salud de la dieta de la población. Entre ellas se emplean intervenciones basadas en educación, asesoramiento y estímulo (EAE) y otras, que son las políticas de acción llevadas a cabo por los gobiernos. Cada una tiene sus peculiaridades, sus pros y sus contras, y han mostrado tener un impacto más o menos importante en la salud de la población. Recientemente has saludo un artículo publicado en la revista Journal Nutrition and Metabolisim donde nos expone una comparación entre estas estrategias.

En el artículo nos expone que desde 1970 han surgido pruebas contundentes de que muchas enfermedades crónicas están estrechamente relacionadas con el estilo de vida occidental y, por lo tanto, son potencialmente prevenibles. Estas enfermedades se conocer como Chronic Diseases Of Lifestyle (CDL). Las lecciones claves aprendidas en la investigación y puesta en práctica de 40 años de intervenciones en la promoción de la salud con especial referencia a la nutrición, es que las intervenciones de promoción de la salud se dividen en dos grandes grupos:

  1. Educación, Asesoramiento y Estímulo (EAE) con el objetivo de persuadir a las personas adoptar una dieta mucho más saludable.
  2. Por otro lado, tenemos las políticas de acción llevadas a cabo por los gobiernos.
    • Control de los precios de los alimentos y/o la reformulación de los alimentos que sean menos saludables.

Muchas intervenciones se han llevado a cabo utilizando diferentes enfoques de educación asesoramiento y estímulo mediante intervenciones comunitarias. Por ejemplo, tres proyectos que se llevaron a cabo en Estados Unidos durante la década de 1980 utilizaron una amplia variedad de métodos como la información en los medios de comunicación dentro de las escuelas y los supermercados para entregar a la gente documentación de educación nutricional. El objetivo era reducir los niveles elevados de colesterol en sangre, la presión arterial, el peso corporal, reducir las tasas de tabaquismo y persuadir a las personas hacer más ejercicio. Éstos ambiciosos proyectos duraron entre cinco y ocho años, sin embargo los resultados revelaron muy poca mejora en las variables mencionadas anteriormente. Claramente las tres intervenciones fueron fracasos y muchas otras intervenciones comunitarias que se han llevado a cabo en los últimos años, afortunadamente se ha logrado un modesto éxito.

Un lugar común donde se suele desarrollar estas intervenciones de promoción de la salud es en el lugar de trabajo, en las empresas que durante años se han peleado por dar gran variedad de estrategias para alentar a los trabajadores a comer una dieta mucho más saludable, a leer el etiquetado, a saber los puntos de compra y/o aumentar la disponibilidad de frutas y verduras frescas en el sitio donde se trabaja. En general los resultados sugieren que estas intervenciones, a menudo, pueden lograr una mejora modesta en la forma de alimentarse. Pero, desafortunadamente no se puede sacar conclusiones firmes, ya que muchos estudios tenían muchas limitaciones metodológicas y no existía los procesos de control de variables que tenemos hoy en día gracias a las nuevas tecnologías.

Las intervenciones de promoción de la salud también se han llevado a cabo en entornos médicos como puede ser en atención primaria, sin embargo, hay una revisión de 32 estudios que explican un impacto modesto, pero estadísticamente significativo en la actividad física, en la ingesta de grasas, en el peso corporal, la presión arterial y el colesterol en sangre. También se ha comprobado como en una población con bajos ingresos si hacemos una intervención de educación se observan mejoras pequeñas en el desarrollo del plan de alimentación.

Por otro lado, se ha intentado que las etiquetas de los alimentos proporcionen a los compradores información útil y relevante para conocer el valor nutricional de los alimentos, pero a veces, en la industria alimentaria es complicado obligar a que estos datos estén incluidos de manera fácil y sencilla. En España tenemos el caso claro del NUTRISCORE. Muchos países han adoptado etiquetas en la parte delantera del paquete que sean fáciles de entender por los compradores, y que expliquen claramente, si la comida es saludable o no.

Normalmente, nos podemos encontrar tres diseños:

  1. Información resumida sobre el contenido de alimento de tres o cuatro sustancias
  2. Semáforos o cantidades diarias indicativas. Símbolo como estrellas o algún color
  3. Algunos proporcionan un símbolo para advertir a los compradores que la comida tiene un contenido excesivo de sustancias que no son saludables cuando se consumen en exceso especialmente azúcar y sal.

Muchos estudios indican que estas etiquetas pueden mejorar la capacidad de los compradores para distinguir entre los alimentos más saludables y menos saludables. Estos estudios, también han informado que la exposición a estas etiquetas a menudo hace que los compradores muestren una mayor intención de compra más saludable que si no existen. Por lo tanto, las etiquetas de advertencia son el diseño que tienen más probabilidades de persuadir a los compradores de que deben rechazar de alguna manera los alimentos poco saludables. Sin embargo, también nos podemos encontrar estudios que nos dicen que el uso de etiquetas de información cuando se lleva a la vida real, no tiene la incidencia que nosotros esperamos, y se siguen consumiendo aquellos alimentos que sean más agradables para las personas en cuanto a sabor e imagen, pero que pueden ser menos saludables.

Las guías alimentarias son otra herramienta dentro de esta propuesta. Docenas de gobiernos han publicado guías alimentarias para asesorar a sus ciudadanos sobre cómo se debe desarrollar una dieta saludable. Hay miles de diseños diferentes si buscamos en las redes.  La pregunta que nos hacemos es ¿son efectivas para conducir a mejoras en la dieta de la población?

En la literatura realmente hay poca información que sea fiable sobre este tema, y podemos hacer una inferencia de los hallazgos mencionados anteriormente a las etiquetas de alimentos. Pueden ser que conduzcan a una mejora pequeña, pero no llegan a una población general amplia.

Por último, nos encontramos que las personas están expuestas a un gran número de anuncios en la televisión o cuando van por la calle. De hecho, ahora lo tenemos en los teléfonos móviles todos los días, a cualquier hora y siempre al lado de la mano. Estos anuncios están diseñados para persuadir a aquellas personas que lo están viendo, a comprar alimentos poco saludables. Esta publicidad, tiene mucho éxito en inducir a los niños a consumir los alimentos menos saludables, aunque también ocurre en gran medida con los adultos. Esta publicidad está fuertemente asociada con un aumento en el riesgo de obesidad, tanto en niños como en adolescentes, por ese motivo, debería de controlarse y legislarse de otra manera. De esta revisión, se seduce o se entiende, que tiene mucho más sentido implementar una política que prohíba los anuncios que alienten a los jóvenes a comer alimentos poco saludables. De hecho, la evidencia nos expone, que la prohibición de la publicidad televisiva conduciría a una disminución aproximada del 19 % de niños y adolescentes que comen más de dos comidas rápidas a la semana. Y se especula, que esto reduciría las tasas de obesidad en casi un punto porcentual, aunque investigadores en informado de estimaciones mucho más altas

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Sin embargo, lo que queremos dar a entender es que la ciencia a veces tiene ciertas limitaciones que no tenemos en la vida real. Por ejemplo, en el trabajo que estamos desarrollando con The Apple Proyect, estamos trabajando con el Catering, con los profesores, con las familias, con los niños y con los propios colegios. Estamos haciendo un entorno 360º, donde tanto las políticas de acción (que deciden los colegios), como las intervenciones EAE para los que forman parte, se suman y aportan un contenido extra, hasta ahora nunca visto. Además, el hecho de incluir un departamento de hábitos saludables que haga auditorías internas hace que observe si los contenidos se están llevando a cabo. De hecho, hemos conseguido un modelo que podemos implementar casi sin costes para las familias, simplemente teniendo el apoyo del gobierno.