Ejercicio y sistema inmune

El sistema inmunológico protege al cuerpo no sólo contra los factores ectogenéticos (por ejemplo, los bacilos y los virus), sino también contra los factores internos (por ejemplo, el cáncer) a través de mecanismos inespecíficos (innatos) y específicos (adquiridos o adaptativos).

El estrés fisiológico y psicológico puede alterar la función inmunológica.

Cada vez hay más pruebas de que el ejercicio físico modifica tanto el sistema inmunitario innato como el adquirido

El efecto está estrechamente asociado con los cambios en el número y la función de los leucocitos circulantes, que están mediados por el sistema neuroinmune endocrino. Las hormonas del estrés y las citoquinas inflamatorias, así como el estrés oxidativo, que puede ser inducido por el ejercicio agudo, alteran el número y la actividad de los linfocitos T, las células NK, los neutrófilos y los macrófagos.

El ejercicio regular disminuye los niveles circulantes de citoquinas inflamatorias y el estrés oxidativo y también mejora la función de las células inmunitarias en estado de reposo.

Por el contrario, el ejercicio vigoroso aumenta la producción de citocinas inflamatorias en los tejidos musculares y causa daño muscular de inicio retardado. En este sentido, cada día hay más información sobre los beneficios de este tipo de entrenamiento, aunque al principio pueda generar daño o estrés fisiológico. El problema es, o mejor dicho, seguramente sea que hacer ejercicio vigoroso no debería ser una primera opción de muchas personas que posiblemente se encuentran en una situación de NO adaptación. Lo que está claro es que, a mayor intensidad, mayor estrés mecánico y fisiológico.

La creciente evidencia sugiere que el estrés mecánico inducido por el ejercicio induce la secreción de ciertas proteínas inmunorreguladoras, incluyendo las miocinas. Las miocinas son secretadas de las células musculares esqueléticas a la circulación sin inducir inflamación. En contraste, la secreción de adipokinas inflamatorias se reduce por la reducción de la grasa corporal que acompaña al ejercicio. Estos cambios en el nivel de secreción de citoquinas de los órganos metabólicos afectan los niveles de leucocitos circulantes y regulan directamente la función inmunológica en otros órganos. La función inmunitaria cambia en respuesta al ejercicio agudo y crónico y regula estados fisiológicos y patológicos como la fatiga, el rendimiento del ejercicio, la etiología y el desarrollo de enfermedades comunes y el riesgo de infección.

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Por supuesto, estos diversos aspectos de la respuesta inmunitaria pueden verse afectados por los hábitos alimenticios del individuo.

Además de los principales nutrientes, los fitoquímicos también pueden atenuar la supresión inmunológica y el exceso de inflamación después del ejercicio de alta intensidad; por lo tanto, algunos factores pueden tener eficacia terapéutica.

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