A estas “alturas” de la película. ¿Hipoxia Intermitente en el tratamiento de la obesidad?

A estas “alturas” de la película, ya sabemos que la obesidad es un importante problema de salud pública en todo el mundo. En algún momento hemos leído o escuchado que tener un exceso de “peso graso” (Vamos a empezar a hablar de manera diferente) es un importante factor de riesgo para una serie de enfermedades crónicas como la diabetes tipo II,  cáncer, problemas cardiovasculares y/o aquellas relacionadas con el síndrome metabólico. Sin embargo, cuando nos planteamos que queremos adelgazar o perder peso, lo conseguimos durante 6 meses bajo diferentes tratamientos dietéticos, psicológicos o de ejercicio físico, pero a partir de este punto, donde se suele alcanzar una meseta, la mayoría de las personas comienzan a recuperar de manera gradual el peso perdido.

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*Imagen tomada de Fighting obesity: Non-pharmacological interventions. Clinical Nutrition ESPEN.

Ya lo decía en algún tweet de hace unas semanas donde hacíamos hincapié en una pregunta: ¿Es el ejercicio regular una estrategia eficaz para mantener la pérdida de peso?

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Viendo todos estos problemas que nos encontramos cuando vamos a la realidad de las personas, los investigadores siguen buscando durante los últimos años nuevos enfoques de trabajo, alternativas dentro de la investigación que puedan asegurar el mantenimiento del peso. Sinceramente, creo que hay nuevas herramientas tecnológicas bastante interesantes que se podrían incluir o investigar mejor para implantar en los programas de pérdida de peso, un ejemplo claro es la hipoxia intermitente. Desde hace mucho tiempo, ya se mostrado en deportistas, que las variaciones de oxígeno en los sistemas orgánicos pueden producir cambios en la composición corporal.  Además, autores como Urdampilleta, Girard o Millet nos muestran en sus artículos cómo han desarrollado posibles aplicaciones de la hipoxia intermitente para promover estados de salud en varios estados fisiopatológicos, como por ejemplo la obesidad.

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Tener una exceso de peso no es tan difícil de conseguir, de hecho este problema cada vez es más común y más difícil de controlar, vivimos en un mundo donde tenemos acceso muy fácil a comida con una alta densidad calórica, nos bombardean con publicidad para que tomemos decisiones que muchas veces no son las más sanas y cada día tenemos más posibilidades para no movernos y ser sedentarios. Esto hace que tengamos niños y adolescentes que desde los 10 años ya tienen problemas de peso, y lo que es por de todo, lo mantienen a lo largo de su vida (durante 20-30 años). Por lo tanto, hay que empezar a entender que el manejo de la obesidad y su prevención se vuelve complejo. Más cuando en el mundo de la salud tratamientos de 6 meses de duración pretenden arreglar problemas de 30-40 años de vida.

Por ese motivo, nuevas herramientas como el estímulo hipóxico intermitente junto con la dieta, la psicología, la farmacología, y un ejercicio controlado y supervisado, podría ser un enfoque interesante en el futuro para perder peso. Como decía A. Urdampilleta en 2102 en su artículo Usefulness of combining intermittent hypoxia and physical exercise in the treatment of obesity: “Una de las alternativas para tratar las enfermedades de alta prevalencia parece ser la terapia hipóxica, que se utiliza comúnmente en la práctica médica hoy en día y está bien posicionada en el campo de la medicina tradicional/alternativa, la hipoxiterapia. La cuestión sigue siendo si la hipoxia o la reoxigenación es la responsable de la formación de señales adaptativas y cuál es el significado funcional”.

Parece que a lo largo de estos años se ha comprobado como las situaciones hipóxicas aumentan el diámetro de las arteriolas, producen vasodilatación periférica y disminuyen la presión arterial. Además, aumenta la actividad de las enzimas glucolíticas, aumenta el número de GLUT-4 transportador de glucosa y mitocondrias mejorando la sensibilidad a la insulina. Por otra parte, la hipoxia aumenta la serotonina en sangre y disminuye los niveles de leptina, mientras que el apetito se suprime. Estas observaciones recientes, permiten considerar la hipótesis de que la hipoxia intermitente podría ser una herramienta muy útil para inducir pérdida de grasa, además de mejorar la salud cardiovascular de las personas.

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Pero además, ya sabemos que en personas que tienen un exceso de peso muy elevado (Obesidad tipo III y mórbida), la adherencia al ejercicio prescrito es complicada y sigue siendo nuestro talón de Aquiles (Esperemos que el proyecto EFIBAR de nuestros compañeros de Almeria, cambien esta situación). Pero a día de hoy, sigue siendo un gran problema.  Ya conocemos que introducir algún tipo de ejercicio de resistencia, podría generar complicaciones musculoesqueléticas, y por otro lado, el entrenamiento de fuerza no todas las personas están dispuestas a ir a un gimnasio para que les miren o sientan que les están juzgando por su apariencia.

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Hasta ahora, la combinación de hipoxia y factores estresantes del ejercicio se había investigado principalmente en pacientes de peso normal, siendo los métodos de exposición hipóxica y de entrenamiento hipóxico los más utilizados. Sin embargo, el enfoque de muy pocos estudios incluía pacientes con obesidad, y los que lo incluían solo se centraban en los cambios de composición corporal o mejora del VO2max, pero no prestaban atención a la carga biomecánica durante el ejercicio. Algo que es fundamental en personas que tiene un gran peso corporal.

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Por lo tanto, algunos investigadores se hicieron la pregunta de si la hipoxia intermitente podría ser un aliado más para el tratamiento de la pérdida de peso y la reducción de las cargas mecánicas en este tipo de población. Personalmente creo que puede ser una buena herramienta, que debe ser controlada por personal especializado y en casos concretos (INDIVIDUALIZACIÓN), siempre con un médico especialista detrás del programa que pueda controlar y tomar las decisiones adecuadas en cada momento. Pero si conseguimos que en una primera fase, la persona vaya haciendo sesiones con el psicólogo y el nutricionista, mientras pierde peso graso y nosotros (licenciados en ciencias de la actividad física y del deporte y fisioterapeutas), conseguimos de manera menos agresiva (biomecánicamente hablando, no fisiológicamente) comenzar a adaptar al cuerpo a pequeños estímulos de estrés, podremos generar una mayor adherencia a los programas, asegurarnos de que las personas no vayan a sentir ese dolor muscular y/o articular que tienen cuando comienzan los programas de entrenamiento y conocer las necesidades que tiene la persona para cuando comencemos a desarrollar nuestro programa de entrenamiento.

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Es decir, ya conocíamos la reducción de la carga musculoesquelética mediante el uso de cintas de correr de baja presión corporal, sin embargo, un posible inconveniente es que la disminución de la velocidad con el apoyo del peso corporal también reducirá el gasto de energía, el consumo de oxígeno, tendríamos menor frecuencia cardíaca y menor ventilación.

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Sin embargo, la exposición aguda a la hipoxia podría resultar ventajosa, ya que la carga mecánica durante el ejercicio físico en condiciones hipóxicas frente a normóxicas se reduciría significativamente para lograr el mismo efecto metabólico. Es decir, tendrían que ir más lentos y con menos impacto y el estrés fisiológico sería el mismo, teniendo una mayor demanda metabólica (↑ Frecuencia cardíaca, ↑ventilación y ↓carga mecánica). En este sentido, es importante determinar si caminar en un ambiente privado de O2 a una velocidad más lenta representa una estrategia efectiva para reducir la carga a través de las articulaciones de las extremidades inferiores, a la vez que proporciona un estímulo fisiológico adecuado (es decir, similar a velocidades más rápidas al caminar cerca del nivel del mar) para el control del peso.

                Otro beneficio que han mostrado diferentes autores es que mientras están expuestos a la hipoxia, los sujetos con obesidad pueden reorganizar su función neuromuscular para producir patrones de marcha que resulten en una carga más controlada en la articulación de la rodilla.

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El acondicionamiento a la hipoxia intermitente, consiste en sesiones de exposición intermitente a hipoxia moderada repetida durante varias semanas pudiendo inducir efectos hematológicos, vasculares, metabólicos y neurológicos positivos, como expresa Verges y colaboradores. Recientemente, se ha mostrado que las variaciones de O2 en los sistemas orgánicos pueden llevar a una pérdida de peso considerable (3%) y mejorar la salud metabólica y cardiorrespiratoria. Por lo que podría ser una ayuda, combinándola con otros especialistas y tratamientos.

Seguramente se deba seguir haciendo una mayor investigación en este sentido. Dando datos más relevantes y ajustando adecuadamente la dosis de exposición. Sin embargo, empresas como iAltitude, están haciendo grandes esfuerzos por llevar esta tecnología a diferentes hospitales teniendo unos resultados muy satisfactorios. Por lo tanto, los avances de estos últimos años en ingeniería y tecnología nos pondrán un reto apasionante a los profesionales de la salud, que deberemos estar formados y preparados para estas nuevas herramientas que se van a poner a nuestra disposición.

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En nuestra siguiente entrada, haremos un breve recorrido sobre todo el trabajo de hipoxia que se está llevando a cabo.

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Referencias bibliográficas consultadas:

  • Higuera-Hernández, M. F., Reyes-Cuapio, E., Gutiérrez-Mendoza, M., Rocha, N. B., Veras, A. B., Budde, H., … & Murillo-Rodríguez, E. (2018). Fighting obesity: Non-pharmacological interventions. Clinical Nutrition ESPEN.
  • Urdampilleta, A., González-Muniesa, P., Portillo, M. P., & Martínez, J. A. (2012). Usefulness of combining intermittent hypoxia and physical exercise in the treatment of obesity. Journal of physiology and biochemistry68(2), 289-304.
  • Girard, O., Malatesta, D., & Millet, G. P. (2017). Walking in Hypoxia: An Efficient Treatment to Lessen Mechanical Constraints and Improve Health in Obese Individuals?. Frontiers in physiology8, 73.
  • Millet, G. P., Debevec, T., Brocherie, F., Malatesta, D., & Girard, O. (2016). Therapeutic use of exercising in hypoxia: promises and limitations. Frontiers in physiology7, 224.
  • Wiesner, S., Haufe, S., Engeli, S., Mutschler, H., Haas, U., Luft, F. C., & Jordan, J. (2010). Influences of normobaric hypoxia training on physical fitness and metabolic risk markers in overweight to obese subjects. Obesity18(1), 116-120.
  • Verges, S., Chacaroun, S., Godin-Ribuot, D., & Baillieul, S. (2015). Hypoxic conditioning as a new therapeutic modality. Frontiers in pediatrics3, 58.
  • Wiesner, S., Haufe, S., Engeli, S., Mutschler, H., Haas, U., Luft, F. C., & Jordan, J. (2010). Influences of normobaric hypoxia training on physical fitness and metabolic risk markers in overweight to obese subjects. Obesity18(1), 116-120.

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